1983-1984. Arturo Ortega dirige, con sólo 24 años, al
Magia de Huesca en la primera edición de la denominada, por primera vez,
competición ACB. Aunque el bautizo de la ACB data de 1982, no se
disputa su liga hasta la temporada citada. El estreno del técnico no
puede ser más desafortunado y cae en el tercer partido de desempate en
el ‘play-off’ por la permanencia frente al Estudiantes de Paco Garrido
y, por ende, pierde la categoría.
Casi dos temporadas después,
Ortega entrena al Caja de Ronda de Málaga en la prestigiosa Primera B.
El dinero entra en el baloncesto y la plantilla de aquel equipo tenía
mimbres de sobras para el ascenso a la ACB. Nombres como Toñin Llorente, Quique Villalobos, Germán González y Mike Schultz
juegan en el equipo malagueño. Pero en el camino del entrenador se
cruza de nuevo un equipo que le deja, en este caso, fuera del ansiado
ascenso en los ‘play-off’ a la ACB. Una fatalidad más.
Oximesa de Granada, con jugadores poco conocidos en aquellos momentos (Luis Álvarez, Eduardo Clavero, José Álvarez, Javier Ibáñez, Larry Spicer, Carlos Cabezas
padre, etcétera) logra vencer 2-0 al equipo de Arturo Ortega. Esto es
en 1986, sólo dos años después del ‘boom’ del baloncesto gracias a la
selección española en Los Ángeles.
Por aquel entonces, para que
veamos la dimensión a nivel económico de la plata de España, un
entrenador, por ejemplo (no necesariamente es el caso de Ortega), podría
cobrar antes de la cita olímpica (1983) un millón de pesetas de las de
entonces en una temporada. En 1986, y en Primera B, esto se traducía en
cobrar ese millón, pero mes a mes, en lugar de en un año. Es decir,
unas diez veces más en sólo dos años y en una categoría inferior…
Arturo
Ortega se queda en Málaga tras dos sonados fracasos en su meteórica
carrera como entrenador. Lucha y consigue el ansiado ascenso a la ACB
una temporada después (86-87). Comenzada la temporada ACB 87-88, sólo
dura tres partidos en el banquillo ‘cajista’ (tremenda la confianza del
club malagueño) y se hace cargo del equipo José María Martín Urbano, su ayudante, hasta que llega el fichaje del excéntrico y gran jugador en su época Moka Slavnic.
Creo que es el entrenador en la historia del baloncesto español que más
se pudo dar cuenta de la dureza del puesto que ocupaba en el menor
tiempo posible. Lo desagradecido que siempre es un banquillo en el
mundillo del baloncesto.
Arturo Ortega sólo contaba 28 años. Los
resultados son tan rápidos y fulgurantes como a la par de negativos en
su carrera como entrenador. Decide dejarlo por completo. Fracasa
totalmente en su intento de ser uno de los entrenadores más jóvenes en
la mejor liga europea.
José Luis Ortiz,
entrenador madrileño formado en el colegio Menesiano del parque de las
Avenidas de Madrid, es fichado por la cantera de Estudiantes y es el
hombre de confianza del presidente del club, el tristemente desaparecido
Alejandro González Varona. Ortiz llega a ser
entrenador del segundo equipo del Estudiantes, el EBA, una categoría que
en aquel entonces era muy importante porque sólo por encima de esta
existía la ACB. También pasó por el primer equipo de Fuenlabrada cuando
este club se acababa de formar y todavía no estaba en la máxima
categoría.
José Ortiz pudo haber sido entrenador del primer
equipo de Estudiantes. En la larga estancia en el banquillo de Pepu,
este mismo fue ‘amenazado’ cuando los resultados en su etapa fueron
esquivos. Era el reemplazo cantado de Pepu, pero los resultados mejoraron y Ortiz nunca tuvo su oportunidad.
Ortiz terminó enfrentado a los entrenadores más importantes del club de Ramiro (la nefasta relación con Ángel Goñi
le marcó) y finalmente Varona no le pudo respaldar. Su currículo en el
club son dos temporadas en la liga EBA (96-97 y 97-98) y,
posteriormente, el club (que ‘nunca echa a nadie’) le ofreció un júnior
B (primer año) para que, ante la sabida negativa del entrenador, éste
saliera por la puerta de atrás y cruzara el ‘puente de plata’ hacía la
nada.
Arturo Ortega se une a José Antonio Arízaga
para ayudarle en la agencia del segundo. Así comienza la historia del
segundo capítulo de este incompleto artículo. José Ortiz se uniría más
adelante a Arturo Ortega para ser dos de los agentes más importantes del
panorama baloncestístico español.
viernes, 16 de marzo de 2012
viernes, 24 de febrero de 2012
El último encuentro
A lo largo de la vida los apasionados al baloncesto vemos muchos
partidos; lo normal es que veamos más partidos que los días que vivimos
(si echamos la cuenta, tan poco es tan difícil llegar a esta cifra).
Pocos de nosotros utilizamos la palabra encuentro cuando hablamos entre
nosotros. En exclusiva, cuando te designan un partido como árbitro, sí
que tienes un encuentro y debes de hablar de número de encuentro si te
refieres a tal o cual partido. Pero ese es el respeto que tenemos que
guardar a un enfrentamiento y la responsabilidad que tenemos ante ellos.
Este último encuentro se jugaba en la fase final júnior de Madrid entre los equipos de Estudiantes y Real Madrid de las generaciones de 1979 y 1980. Un 20 de abril de 1997, para ser exactos.
Antes de esta fecha, pude jugar, ver, dirigir y arbitrar muchos partidos y algunos, por especiales que fueron en mi vida, diría que los considero ‘los encuentros’. Pero eran encuentros de ‘otros’ familiares cercanos que influían demasiado en mi vida. Yo no dejaba de ser un espectador de excepción. Aquel día, volví a ser un espectador de excepción, pero ya me jugaba algo en el propio envite.
Para empezar, tengo que confesar que aquel día me hice del Real Madrid. Este ‘travestismo’ o pecado mortal si se enteran los de mi clase de la E.G.B. de Ramiro, venía a cuento, pues yo tenía que ver ganar al Madrid esa misma tarde. Contra Estudiantes, sí, contra mi equipo desde niño y menos niño, sí. Pero esa no era la razón. Mi razón estaba justificada: Yo dirigía a un equipo júnior del colegio Menesiano que necesitaba (cosas de las federaciones) que el Real Madrid fuera campeón de Madrid.
El hecho de haberme enfrentado al Real Madrid en el primer partido de liga y no al Estudiantes, me otorgaba un puesto superior en la selecta A-1 (12 equipos y yo quería ser el 9º y no el 10º) siempre y cuando el Madrid de Charly Sáinz de Aja ganara esa final.
Esta fase final se jugó en el pedazo de pabellón (más ahora) del Cerro del Telégrafo de Rivas y se llegó a los dos últimos partidos con todo por jugarse para los cuatro contendientes.
Algo surrealista se anunciaba ya en el tercer y cuarto puesto. Al final del encuentro entre el equipo de Chema Rodríguez (uno de esos grandes entrenadores de formación poco reconocido), Alcobendas y el Disermoda San Fernando Dribling de Luis Guil (no creo que haga falta su presentación), fue el presagio de la que se avecinaba. Un triple del base del equipo de Alcobendas desde el medio del campo daba la victoria y la clasificación a su equipo para el sector del Campeonato de España (entraban tres equipos). La primera gran derrota de Guil en un banquillo se gestaba de forma cruel, muy cruel. Hasta ese momento su equipo empataba el partido.
Y justo después llegó ‘el último encuentro’. El que me podía dar un puesto mejor en la clasificación final de Madrid.
Fue un auténtico rollo toda la primera parte. El Madrid daba una paliza al Estudiantes. Se habían enfrentado muchas veces en el campeonato de Madrid y Charly Sáinz de Aja y sus muchachos se llevaban la final con una superioridad enorme. Recuerdo que el Madrid logró un 75% de acierto en tiros de dos en los primeros 20 minutos (los cuatro periodos no existían todavía) y en el descanso te daban ganas de irte a tu casa.
Yo estaba tan contento, pues esa jornada me había salido bien como ‘madridista por un día’ y me quedé para ver más paliza. Estudiantes se fue al vestuario con 28 puntos anotados (un poco más que a punto por minuto) y el Madrid con 59 (para 118 si no me salen mal las cuentas). 31 puntos de diferencia al descanso entre dos equipos que se conocían hasta los cordones de las zapatillas. Surrealista, pero cierto. No había tanta diferencia en estas generaciones.
Pero, ¿qué paso para que este fuera el último encuentro (que no partido), para mí?
El Madrid salió a la pista y anotó otra canasta más. 33 puntos de diferencia y…
¿Un equipo puede remontar un partido 33 puntos abajo en unos 19 minutos y pico? ¡Imposible! ¿Puede remontarlo y ganar por más de diez puntos? Más imposible todavía. La famosa campaña de ‘Impossible is nothing’ de una marca deportiva muy famosa llegó tarde para grabar este encuentro y mostrarlo como una gesta propia de atletas.
Pues sí, a veces pienso que el pecado de hacerme pasar por ‘madridista por un día’ se volvió en mi contra por completo.
Estudiantes ganó el partido por trece puntos. El parcial total del segundo tiempo después de la canasta del Madrid fue de 20-66 en algo más de 19 minutos. Es decir, que de los 33 puntos del Madrid a los -13 del final van 46 puntos de diferencia de Estudiantes al Madrid en 19 minutos (94-81). Esto era para una película de marcianos. ¿Alguien vio algo parecido alguna vez? Yo, no.
No existe manual de lógica que explique un fenómeno así. Hubo una estrella aquel día, un jugador que tiraba de su equipo y que en vez de tirar al aro, tiraba a una piscina. Luis Ojalvo.
Coincide la diferencia del Madrid (-33) con su anotación en ese partido (33). Sin Luis Ojalvo (ni sexto hombre de la plantilla), acompañado por sus compañeros Rubén Ibeas (24), Paco González (pívot para coger todos los rebotes), y el base que no quiso llegar a la ACB (porque no le dio la gana) Luis Muñoz (12) fueron los que orquestaron la remontada más importante que haya podido ver en mi vida y que no creo que pueda volver a ver nunca jamás.
Todos los allí presentes estábamos acojonados. Cada ataque del Madrid era un despropósito. Cada ataque de Estudiantes era canasta. Es posible que fuera la mitad que menos balones se perdieron por parte de un equipo (Estudiantes) en la historia. Sólo lo saben ellos, los protagonistas.
Todo el mundo quería el vídeo del partido para hacer un psicoanálisis (‘scouting’ se quedaba como una palabra absurda) de la situación. Dicen que el director general de Estudiantes y entrenador de ese equipo, José Asensio, tiene el vídeo del encuentro pero no suelta prenda. Debe tenerlo como un tesoro escondido.
El Real Madrid ese año fue campeón de España y el Estudiantes sólo séptimo, pero ya fueron al campeonato a jugar, eso, partidos de baloncesto…
La estrella, Luis Ojalvo, jugó en un EBA la temporada siguiente (Bansander), experiencia de la que no guarda buen recuerdo.
Luego, Luis fue llamado por Txus Vidorreta para su equipo EBA de La Palma, con el que consiguió ser campeón de la categoría (no pudo subir a LEB por dinero) y subcampeón en la siguiente temporada (ya sí subió). Pero Luis no siguió.
Luis Ojalvo, el héroe de aquel partido lo recuerda casi como si fuera su último encuentro. Él ya no pudo jugar más al baloncesto. Una operación (por una trombosis) de una de sus piernas (con el riesgo de perderla) le dejó fuera del juego.
Ahora tendremos en forma de celebración a posteriori un último encuentro de amigos para celebrar que el partido de aquella final jamás se nos puede olvidar.
Ya queda escrito para siempre.
Este último encuentro se jugaba en la fase final júnior de Madrid entre los equipos de Estudiantes y Real Madrid de las generaciones de 1979 y 1980. Un 20 de abril de 1997, para ser exactos.
Antes de esta fecha, pude jugar, ver, dirigir y arbitrar muchos partidos y algunos, por especiales que fueron en mi vida, diría que los considero ‘los encuentros’. Pero eran encuentros de ‘otros’ familiares cercanos que influían demasiado en mi vida. Yo no dejaba de ser un espectador de excepción. Aquel día, volví a ser un espectador de excepción, pero ya me jugaba algo en el propio envite.
Para empezar, tengo que confesar que aquel día me hice del Real Madrid. Este ‘travestismo’ o pecado mortal si se enteran los de mi clase de la E.G.B. de Ramiro, venía a cuento, pues yo tenía que ver ganar al Madrid esa misma tarde. Contra Estudiantes, sí, contra mi equipo desde niño y menos niño, sí. Pero esa no era la razón. Mi razón estaba justificada: Yo dirigía a un equipo júnior del colegio Menesiano que necesitaba (cosas de las federaciones) que el Real Madrid fuera campeón de Madrid.
El hecho de haberme enfrentado al Real Madrid en el primer partido de liga y no al Estudiantes, me otorgaba un puesto superior en la selecta A-1 (12 equipos y yo quería ser el 9º y no el 10º) siempre y cuando el Madrid de Charly Sáinz de Aja ganara esa final.
Esta fase final se jugó en el pedazo de pabellón (más ahora) del Cerro del Telégrafo de Rivas y se llegó a los dos últimos partidos con todo por jugarse para los cuatro contendientes.
Algo surrealista se anunciaba ya en el tercer y cuarto puesto. Al final del encuentro entre el equipo de Chema Rodríguez (uno de esos grandes entrenadores de formación poco reconocido), Alcobendas y el Disermoda San Fernando Dribling de Luis Guil (no creo que haga falta su presentación), fue el presagio de la que se avecinaba. Un triple del base del equipo de Alcobendas desde el medio del campo daba la victoria y la clasificación a su equipo para el sector del Campeonato de España (entraban tres equipos). La primera gran derrota de Guil en un banquillo se gestaba de forma cruel, muy cruel. Hasta ese momento su equipo empataba el partido.
Y justo después llegó ‘el último encuentro’. El que me podía dar un puesto mejor en la clasificación final de Madrid.
Fue un auténtico rollo toda la primera parte. El Madrid daba una paliza al Estudiantes. Se habían enfrentado muchas veces en el campeonato de Madrid y Charly Sáinz de Aja y sus muchachos se llevaban la final con una superioridad enorme. Recuerdo que el Madrid logró un 75% de acierto en tiros de dos en los primeros 20 minutos (los cuatro periodos no existían todavía) y en el descanso te daban ganas de irte a tu casa.
Yo estaba tan contento, pues esa jornada me había salido bien como ‘madridista por un día’ y me quedé para ver más paliza. Estudiantes se fue al vestuario con 28 puntos anotados (un poco más que a punto por minuto) y el Madrid con 59 (para 118 si no me salen mal las cuentas). 31 puntos de diferencia al descanso entre dos equipos que se conocían hasta los cordones de las zapatillas. Surrealista, pero cierto. No había tanta diferencia en estas generaciones.
Pero, ¿qué paso para que este fuera el último encuentro (que no partido), para mí?
El Madrid salió a la pista y anotó otra canasta más. 33 puntos de diferencia y…
¿Un equipo puede remontar un partido 33 puntos abajo en unos 19 minutos y pico? ¡Imposible! ¿Puede remontarlo y ganar por más de diez puntos? Más imposible todavía. La famosa campaña de ‘Impossible is nothing’ de una marca deportiva muy famosa llegó tarde para grabar este encuentro y mostrarlo como una gesta propia de atletas.
Pues sí, a veces pienso que el pecado de hacerme pasar por ‘madridista por un día’ se volvió en mi contra por completo.
Estudiantes ganó el partido por trece puntos. El parcial total del segundo tiempo después de la canasta del Madrid fue de 20-66 en algo más de 19 minutos. Es decir, que de los 33 puntos del Madrid a los -13 del final van 46 puntos de diferencia de Estudiantes al Madrid en 19 minutos (94-81). Esto era para una película de marcianos. ¿Alguien vio algo parecido alguna vez? Yo, no.
No existe manual de lógica que explique un fenómeno así. Hubo una estrella aquel día, un jugador que tiraba de su equipo y que en vez de tirar al aro, tiraba a una piscina. Luis Ojalvo.
Coincide la diferencia del Madrid (-33) con su anotación en ese partido (33). Sin Luis Ojalvo (ni sexto hombre de la plantilla), acompañado por sus compañeros Rubén Ibeas (24), Paco González (pívot para coger todos los rebotes), y el base que no quiso llegar a la ACB (porque no le dio la gana) Luis Muñoz (12) fueron los que orquestaron la remontada más importante que haya podido ver en mi vida y que no creo que pueda volver a ver nunca jamás.
Todos los allí presentes estábamos acojonados. Cada ataque del Madrid era un despropósito. Cada ataque de Estudiantes era canasta. Es posible que fuera la mitad que menos balones se perdieron por parte de un equipo (Estudiantes) en la historia. Sólo lo saben ellos, los protagonistas.
Todo el mundo quería el vídeo del partido para hacer un psicoanálisis (‘scouting’ se quedaba como una palabra absurda) de la situación. Dicen que el director general de Estudiantes y entrenador de ese equipo, José Asensio, tiene el vídeo del encuentro pero no suelta prenda. Debe tenerlo como un tesoro escondido.
El Real Madrid ese año fue campeón de España y el Estudiantes sólo séptimo, pero ya fueron al campeonato a jugar, eso, partidos de baloncesto…
La estrella, Luis Ojalvo, jugó en un EBA la temporada siguiente (Bansander), experiencia de la que no guarda buen recuerdo.
Luego, Luis fue llamado por Txus Vidorreta para su equipo EBA de La Palma, con el que consiguió ser campeón de la categoría (no pudo subir a LEB por dinero) y subcampeón en la siguiente temporada (ya sí subió). Pero Luis no siguió.
Luis Ojalvo, el héroe de aquel partido lo recuerda casi como si fuera su último encuentro. Él ya no pudo jugar más al baloncesto. Una operación (por una trombosis) de una de sus piernas (con el riesgo de perderla) le dejó fuera del juego.
Ahora tendremos en forma de celebración a posteriori un último encuentro de amigos para celebrar que el partido de aquella final jamás se nos puede olvidar.
Ya queda escrito para siempre.
miércoles, 15 de febrero de 2012
Viejo y sabio
Hace poco me designaron para arbitrar con compañeros de la Liga LEB en Madrid. Con uno de ellos estuve arbitrando un jueves en la ciudad deportiva del Real Madrid. Arbitrar con alguien que tiene un nivel muy alto en el arbitraje y que debería de estar en la máxima competición (ACB) hace mucho tiempo a uno le llena de orgullo y confiere respeto. Juan Pedro Morales es uno de esos ídolos deportivos sin él saberlo y creerlo. Es más, él pensaba que había arbitrado más veces conmigo y yo le tuve que decir que no, que eso no había sido posible. La idolatría llega en forma de verle innumerables veces, de observar cómo dirigía la categoría más importante de Madrid como es la primera nacional y de su lucha, junto a otro árbitro ACB (David Soto) por la independencia del árbitro en el comité con respecto a sus federaciones. Juanpe (es como le llamamos, su nombre de guerra, en la capital) tiene mi misma edad pero posee infinita e inmejorable experiencia y categoría más que uno.
Ese mismo sábado actuaba con un árbitro más joven. Otro árbitro LEB, pero de escasos 30 años, de calidad contrastada en Madrid y mal tratado en la Federación Española. Un árbitro que tuvo que pagar el pato de la desaparición de la LEB Bronce, y después de pasar dos años en la EBA, luchar para volver donde le corresponde. Para mí, después de que en la ACB han logrado sus árbitros que la edad pase a un segundo término entiendo que la antediluviana FEB debería tomar nota y no subir a tanto chavalito que de baloncesto sabe muy poco y sí a gente más formada, pues el deporte siempre está en la cabeza y no tanto en los pies, en la apariencia, en el musculito o en las relaciones públicas…
Jose Luis López Córdoba es el árbitro más querido en Madrid de su categoría y debería ser el representante para poder optar a un puesto en la ACB. Por calidad técnica y calidad humana. Nadie es mejor que él.
El domingo yo estaba designado para el partido de mi categoría autonómica junto al árbitro que más impacto me había ocasionado. Iba de principal con un árbitro de setenta años, que ya era árbitro cuando yo jugaba, que apenas sabía botar una pelota, y mis padres me recordaban que era un mini ‘buzón’ del Estudiantes que no paraba de decir a mi entrenador (Juanfra Garrido) “Juanfra, ¡sácame!, ¡sácame!”, porque quería solucionar un partido.
Este señor que responde al nombre de guerra ‘Antoranz’ (Francisco Tajahuerce Antoranz) es el ‘viejo y sabio’ del arbitraje madrileño. ¿Qué hacía yo en esa situación? Un señor que en el internado del Ramiro me había dicho aquello de Serrat “Niño, eso no se hace, eso no se dice, eso no se toca”, “deja ya de joder con la pelota”. Paco, que tiene un parecido enorme (así le llamaban en Estudiantes) con el desaparecido Fernando Fernán Gómez, no sólo me dio lecciones de jugador, sino que me las dio de entrenador y de árbitro cuando comenzaba.
Me parecía un insulto que alguien con licencia 598 (y todo porque contaron con su primer apellido cuando éstos los daban por orden alfabético) fuera el árbitro auxiliar en un partido de categoría senior cuando somos de la misma categoría y mi licencia no es más que un moderno 2.469…
Paco pitaba hasta hace bien poco con silbato de bolita, con pantalones grises y, según me dijo él, le costó dejar unas zapatillas rojas que le duraron mucho tiempo. Arbitrar con él es una experiencia grata.
No toca el balón para sacar de fondo o en defensa, si señalas una falta de árbitro de cabeza (línea de fondo), él la marca de cola para no perder tiempo y no tener que cambiar de posición. Quién sabe si en el futuro veremos esta forma de señalar para un baloncesto más rápido…
Paco llego a Madrid con cuarenta años, procedente de Sevilla, donde también arbitró pero donde comenzó tarde. Lleva ya treinta años ininterrumpidos dando clases en Madrid. Ya su mente está puesta en sus hijos, a los que metió de oficiales de mesa. Alberto es ACB ya y David, de la liga EBA. David le acompaña cada quince días, desde que tenía 16 años (ya tiene 25), a sus aventuras de fin de semana para arbitrar en Chinchón, Aranjuez, Colmenar de Oreja o Villarejo de Salvanes.
Lo que importa nunca es el dinero. Es la experiencia, la amistad lograda en todos los campos por donde va y el respeto que infunde aunque ya no vea tan bien, y no pueda correr tanto. David y él se dan un homenaje después de arbitrar y anotar (comilona) en la localidad correspondiente y se van a otra aventura por la tarde haciendo los kilómetros que hagan falta.
Todos los partidos de Paco tienen la misma importancia y el mismo valor. Él sigue poniéndose nervioso antes de arbitrar. Si no, lo dejaría. Es un hombre que salva la competición que muchas veces no entendemos. Es un amante del baloncesto; eso sí, muy correspondido.
Y quiere seguir en la brecha. Quiere que llegue el Mundial de España 2014 y ver a su hijo Alberto en las mesas de oficiales. Y si puede ser, ver a David también. Este hombre, viejo y sabio, habrá cumplido con todo lo deseado. Paco sigue trabajando y sigue arbitrando. Un día, Álvaro Herrera (un gran ex árbitro) le dijo que no sabía “si había perdido una profesión”. Para Paco esto no es una profesión, es algo más. Es una forma de vida.
“Tan lejos como puedo ver, hay sombras acercándose a mí y para aquellos que dejé atrás, quiero que sepan que siempre compartieron mis pensamientos más profundos y me siguieron a donde iba. Cuando sea viejo y sabio, las palabras amargas no me importarán, los vientos de otoño soplarán a través de mi y algún día en tiempos de niebla, cuando me pregunten si te conocía, sonreiré y diré que eras mi amig@ y la tristeza se levantara de mis ojos cuando sea viejo y sabio”
Old and wise. Viejo y sabio. The Alan Parsons Project. 1982… y yo tenía 9 años…
martes, 10 de enero de 2012
Algunos hombres buenos
Mi hermano (hace una década) el mayor, de siete hermanos, me regalo una foto de su equipo de mini basket de Estudiantes donde aparezco de mascota con el trofeo a su lado y detrás escribió lo siguiente: “No sé si tus comienzos en el baloncesto tuvieron algo que ver con el instante que muestra la fotografía. Desde luego, primero fuiste espectador y luego actor. Creo que es importante no desprenderse de la personalidad del espectador y combinarla con la del actor” (…) “De todos los de la foto (de Ramiro todos), sólo yo pude llegar a la antesala de la máxima categoría (tal vez por salir de Estudiantes). Los demás se quedaron por el camino”…Cucho, el 7.
Lo que mi hermano no cuenta es que el padrino de su propia hermana Bárbara fue la persona que le despidió del club de manera indirecta o muy directa (Pablo Casado) al fichar al madridista Miguel Ángel Martín que se traía a todo su equipo júnior.
Muy sabio mi hermano (entrenador superior, politólogo y Doctor en Música europeo) siempre me recuerda a Baltasar Gracián del siglo XVII y su frase “Al varón sabio más le aprovechan sus enemigos que al necio sus amigos”, para que pueda comprender ciertas decisiones…
A mí, me ha ido pasando lo mismo que a él. La diferencia es que él no continúa en esta locura y yo sí.
Gracias a esa “jugarreta familiar”, él pudo disfrutar jugando al lado de Alberto Herreros, Alberto García Chapuli , Jesús Trueba, etc y a las ordenes del gran Charly Sáinz de Aja en el Real Canoe N. C. de mayor nivel júnior que uno pudo conocer. Once/doce años antes de que Charly fuera de oro, ya era un grandísimo entrenador.
Pero dentro de Estudiantes hay gente buena, muy buena gente a pesar de sus innumerables equivocaciones. De unos valores eternos.
Jose Castellano se acaba de marchar. Muchos no sabrán ni que ha sido este hombre dentro del club. ¿Para mí?, un compañero en los noventa como entrenador (cuando yo empezaba), un “contrario” cuando él llevaba la generación del 79 (júnior B de Estudiantes de Luis Muñoz y cia) y yo ya estaba “exiliado” en mi queridísimo Menesiano (que miedo tenía al equipo de “curas” cuando jugamos del 5º al 8º de Madrid con Luis Guil en Disermoda Dribling San Fernando y el todopoderoso Canoe) de la 95/96…
Después fue mi gestor, al principio, de la mejor actividad que me han dejado y he podido hacer en Ramiro durante nueve años (1995-2004). La liga Interna de Baloncesto (L.I.B.), sentando las bases de una lúdica y gratuita competición por y para el Ramiro en exclusiva.
En la temporada 1997-1998 dejo que me entrometiera en su colegio, el de sus padres y hermanos. Me dejo llevar el San Patricio Mini Basket del 86, equipo que fue elegido el mejor del colegio en el 40º aniversario del mismo. Conocer a sus hermanos Antonio y Curro, así como a sus padres fue todo un privilegio.
Diez años después se metió a arreglar Estudiantes dejando de lado la palabrería, los ideales que no llevan a ninguna parte, el protagonismo de la prensa de luz y taquígrafos, y se enfrento al “loco” de Javier Tejedor de frente.
2008 es el año del 60º aniversario y coincide con la muerte parcial del club. Hay muchas cosas que se han muerto, muchas amistades rotas, ha habido una guerra de secesión y el club ya no será el mismo. Amistades indestructibles se han ido al carajo por querer ir en el mismo barco cuando, a lo mejor, no había tanto sitio para todos…o había puestos “okupados” a bordo que no deberían…
Pero todos han remado para que la S.A.D. (el verdadero enfermo terminal) se haya salvado. A ninguno se le puede restar méritos.
En la temporada 2009-2010 Jose Castellano y Jose Canales me dieron la tercera oportunidad (étapa) de entrenar en el club y llevar al equipo de Ramiro en la fase final fabulosa de Badalona´10.
Pero ya era demasiado tarde. Me di cuenta de que el club estaba más enfermo que la propia Demencia y en cuanto me pusieron problemas para ejercer mi labor de árbitro con la de entrenador (en la temporada siguiente-10-11), no dude en (sorprendiendo a propios y extraños) elegir arbitrar que seguir en un club desconocido en valores para mí y lleno de “hienas” de entrenadores, más “escaladores” que “pedagogos” y con una dirección deportiva dictatorial al más puro estilo del que construyo el propio centro.
A Jose Castellano le regale una foto del “Sanpa Mini” como hizo mi hermano cuando yo era una simple mascota/espectador. Es la foto que acompaña a este texto junto a la del mini de mi hermano.
Le agradecí en ella su fe en mí. Porque sólo él y José Canales creyeron en mi como persona que colabora de verás para que las cosas del club salgan bien (campus de arbitraje en Granada).
Ahora, Las tablas Colegio Estudiantes. Espero que algún día podamos compartir alguna tablita para jugar a este juego maravilloso. Hasta las que había en la nevera (las de ajedrez) un “iluminado” las pinto de azul…lo que no sé es en qué tono de azul. Si el azul cyan o el marino, el de la derecha del escudo o el de la izquierda. Qué más da…
Un abrazo y GRACIAS eternas, Castellano.
Lo que mi hermano no cuenta es que el padrino de su propia hermana Bárbara fue la persona que le despidió del club de manera indirecta o muy directa (Pablo Casado) al fichar al madridista Miguel Ángel Martín que se traía a todo su equipo júnior.
Muy sabio mi hermano (entrenador superior, politólogo y Doctor en Música europeo) siempre me recuerda a Baltasar Gracián del siglo XVII y su frase “Al varón sabio más le aprovechan sus enemigos que al necio sus amigos”, para que pueda comprender ciertas decisiones…
A mí, me ha ido pasando lo mismo que a él. La diferencia es que él no continúa en esta locura y yo sí.
Gracias a esa “jugarreta familiar”, él pudo disfrutar jugando al lado de Alberto Herreros, Alberto García Chapuli , Jesús Trueba, etc y a las ordenes del gran Charly Sáinz de Aja en el Real Canoe N. C. de mayor nivel júnior que uno pudo conocer. Once/doce años antes de que Charly fuera de oro, ya era un grandísimo entrenador.
Pero dentro de Estudiantes hay gente buena, muy buena gente a pesar de sus innumerables equivocaciones. De unos valores eternos.
Jose Castellano se acaba de marchar. Muchos no sabrán ni que ha sido este hombre dentro del club. ¿Para mí?, un compañero en los noventa como entrenador (cuando yo empezaba), un “contrario” cuando él llevaba la generación del 79 (júnior B de Estudiantes de Luis Muñoz y cia) y yo ya estaba “exiliado” en mi queridísimo Menesiano (que miedo tenía al equipo de “curas” cuando jugamos del 5º al 8º de Madrid con Luis Guil en Disermoda Dribling San Fernando y el todopoderoso Canoe) de la 95/96…
Después fue mi gestor, al principio, de la mejor actividad que me han dejado y he podido hacer en Ramiro durante nueve años (1995-2004). La liga Interna de Baloncesto (L.I.B.), sentando las bases de una lúdica y gratuita competición por y para el Ramiro en exclusiva.
En la temporada 1997-1998 dejo que me entrometiera en su colegio, el de sus padres y hermanos. Me dejo llevar el San Patricio Mini Basket del 86, equipo que fue elegido el mejor del colegio en el 40º aniversario del mismo. Conocer a sus hermanos Antonio y Curro, así como a sus padres fue todo un privilegio.
Diez años después se metió a arreglar Estudiantes dejando de lado la palabrería, los ideales que no llevan a ninguna parte, el protagonismo de la prensa de luz y taquígrafos, y se enfrento al “loco” de Javier Tejedor de frente.
2008 es el año del 60º aniversario y coincide con la muerte parcial del club. Hay muchas cosas que se han muerto, muchas amistades rotas, ha habido una guerra de secesión y el club ya no será el mismo. Amistades indestructibles se han ido al carajo por querer ir en el mismo barco cuando, a lo mejor, no había tanto sitio para todos…o había puestos “okupados” a bordo que no deberían…
Pero todos han remado para que la S.A.D. (el verdadero enfermo terminal) se haya salvado. A ninguno se le puede restar méritos.
En la temporada 2009-2010 Jose Castellano y Jose Canales me dieron la tercera oportunidad (étapa) de entrenar en el club y llevar al equipo de Ramiro en la fase final fabulosa de Badalona´10.
Pero ya era demasiado tarde. Me di cuenta de que el club estaba más enfermo que la propia Demencia y en cuanto me pusieron problemas para ejercer mi labor de árbitro con la de entrenador (en la temporada siguiente-10-11), no dude en (sorprendiendo a propios y extraños) elegir arbitrar que seguir en un club desconocido en valores para mí y lleno de “hienas” de entrenadores, más “escaladores” que “pedagogos” y con una dirección deportiva dictatorial al más puro estilo del que construyo el propio centro.
A Jose Castellano le regale una foto del “Sanpa Mini” como hizo mi hermano cuando yo era una simple mascota/espectador. Es la foto que acompaña a este texto junto a la del mini de mi hermano.
Le agradecí en ella su fe en mí. Porque sólo él y José Canales creyeron en mi como persona que colabora de verás para que las cosas del club salgan bien (campus de arbitraje en Granada).
Ahora, Las tablas Colegio Estudiantes. Espero que algún día podamos compartir alguna tablita para jugar a este juego maravilloso. Hasta las que había en la nevera (las de ajedrez) un “iluminado” las pinto de azul…lo que no sé es en qué tono de azul. Si el azul cyan o el marino, el de la derecha del escudo o el de la izquierda. Qué más da…
Un abrazo y GRACIAS eternas, Castellano.
jueves, 8 de diciembre de 2011
Oficiales en la compañía
Cuando eres jugador: “Mesa, cambio”. Cuando eres entrenador: “Tiempo
muerto, mesa”. Y cuando eres árbitro: “Oficial o auxiliar de ¿mesa?”.
Los veteranos me matarán con lo de ‘mesa’; ellos no son una mesa, por
favor; son oficiales o auxiliares. El caso es que nunca salen en ninguna
crónica, en ningún titular, en ningún ‘zapping’, en ningún periódico y
menos en una revista.
Es el trabajo silencioso y sin protagonismo de nuestro deporte. La compañía, muchas veces la mejor, dentro y fuera del campo del árbitro. Sin ellos no se puede trabajar y sin ellos no tenemos armonía en un partido de baloncesto. Tienen mucha más responsabilidad de lo que pueda parecer y deben hacer su trabajo a la perfección, más exacto que el que juega, el que dirige y el que pita. Y más trascendente es su error, pues lo que refleja un acta, que es lo que vale, y como nos gusta decir y les gusta decir: el acta es el ‘mundo’ de un partido. Todo lo que no figure la misma no existe ni tiene validez.
Puede parecer una tarea fácil hacer un acta, llevar un cronómetro de
partido o manejar el aparato de 24” (ahora con los 14” de algunas
categorías, que tendremos todos después de Londres 2012), pero no es
tarea fácil. Es muy difícil y muy meritoria su labor en el campo.
Es paradójico que cuando haces el curso de árbitro te dan una doble titulación de árbitro y oficial de mesa. Cuando estás lesionado puedes ofrecerte a hacer de oficial de mesa. Yo lo he hecho dos veces creyendo que sabía y es en ese momento justo cuando me te das cuenta del valor que tiene ser un buen oficial (del lío que monté, por supuesto). No es para gente que no sepa tener una paciencia mínima, un saber estar con los equipos y con los compañeros que les toca cada fin de semana.
Son los más numerosos de todos. Creo que no me equivoco si digo que es la gente más veterana (algunos de ellos) y que, por lo tanto, los que estadísticamente más tiempo llevan en el baloncesto. No se les acaba la afición por este deporte pase lo que pase. Me atrevería a decir, por lo que conozco, que duran más que un jugador (esto es evidente), más que los entrenadores y más que los árbitros. Han podido estar en la ACB, en la LEB o en la EBA, pero suban o bajen no dejan de hacer su labor con todas las ganas del mundo. Son auténticos. Son amantes de este deporte. Es más, normalmente son los que te hacen sonreír cuando a lo mejor las cosas no van tan bien, los que mejor entienden aquello que llamamos ‘el tercer tiempo’ o ‘tiempo de cañas’, pues nunca tienen prisa y valoran mucho tomarse unas cañas o refrigerios con sus compañeros. Hacen equipo. Como nadie.
Guardan los valores más importantes del colectivo arbitral y son generosos, pues es el colectivo que menos dinero gana por partido y sus metas no pueden ser jamás profesionales ni en la ACB, ya que no pueden a llegar cobrar jamás como todos las demás personas del basket.
Es una vocación auténtica. Una pasión. Son capaces de hacerte un partido ACB como que a la mañana siguiente están haciendo la última categoría del baloncesto madrileño. Son capaces de prepararte un acta en menos de cinco minutos para poder empezar un partido.
De todo hay (buenos, regulares y malos), pero los que se mantienen unos años, ya tienen una práctica fabulosa. Es muy difícil que aprecies un error en sus actas. Los hay más rápidos y los hay más lentos, pero su trabajo, a veces, sólo lo podemos valorar los árbitros que estamos con ellos y que apuntan lo que nosotros acertadamente, o no, marcamos como válido.
Como compañero madrileño me gustaría acordarme de todos pero es imposible. Ir con Yolanda ‘Arias’ es lo más divertido del mundo: mientras es capaz de hacerte todo a la perfección (mi querida ‘miss Fer’), a la vez que es simpática con todos. Alfonso, muy perfeccionista, “Mayordomo”, ‘el Torero’, que le da igual estar en la plaza de Vistalegre que en un patio de colegio. ‘Mendaña’, divertida y con ese punto de ironía con clase. ‘Forés’, ‘Valenciano’, ‘Villaseca’, por su simpatía. ‘Tajahuerce’, ‘Velázquez’, ‘Sobrado’, tan grande como tan buena gente; ‘Cantón’, un ser capaz de hacerte a la vez un acta, un marcador y hasta las tablas cuando va solo; 'Zurdo'; 'Barba, 'Valbuena', Aurrecoechea y 'Payno'. Qué voy a decir de ‘Culebras’ y ‘Latorre’ que no sepa nadie y que están en todas partes… que no se me olviden exárbitros como ‘Andreu’ o el de la sierra… Bosch, Aurora, Lacoba, Sevilla, Velilla, Sedano, otro gran ‘profesional’, Mercedes, ‘Pizarroso’, Lorente, el oficial más tranquilo y silencioso con más sentido del humor que me he encontrado. Villaseca, un tipo que nunca pierde la sonrisa ante nada...Y ya no puedo más. Que no me maten los que se me olvidan. He hecho un esfuerzo de ejercicio de memoria limitada.
Quería recordar a todos y no puedo. Os meto a todos en un pequeño rincón gigante del basket. Ese Rincón (compañero que se nos fue en un utilitario en la carretera para hacer un partido) está en el cielo esperando la próxima designación con todos nosotros.
Le daremos una nueva cuenta de 24” y le decimos al cielo que todavía puede esperar, que tenemos muchos partidos que hacer. Hay que salvar la competición, mucho más que sacarla. Ahora, más que nunca, oficiales, damas y caballeros, gracias por estar siempre ahí. Al pie del partido.
Es el trabajo silencioso y sin protagonismo de nuestro deporte. La compañía, muchas veces la mejor, dentro y fuera del campo del árbitro. Sin ellos no se puede trabajar y sin ellos no tenemos armonía en un partido de baloncesto. Tienen mucha más responsabilidad de lo que pueda parecer y deben hacer su trabajo a la perfección, más exacto que el que juega, el que dirige y el que pita. Y más trascendente es su error, pues lo que refleja un acta, que es lo que vale, y como nos gusta decir y les gusta decir: el acta es el ‘mundo’ de un partido. Todo lo que no figure la misma no existe ni tiene validez.
Es paradójico que cuando haces el curso de árbitro te dan una doble titulación de árbitro y oficial de mesa. Cuando estás lesionado puedes ofrecerte a hacer de oficial de mesa. Yo lo he hecho dos veces creyendo que sabía y es en ese momento justo cuando me te das cuenta del valor que tiene ser un buen oficial (del lío que monté, por supuesto). No es para gente que no sepa tener una paciencia mínima, un saber estar con los equipos y con los compañeros que les toca cada fin de semana.
Son los más numerosos de todos. Creo que no me equivoco si digo que es la gente más veterana (algunos de ellos) y que, por lo tanto, los que estadísticamente más tiempo llevan en el baloncesto. No se les acaba la afición por este deporte pase lo que pase. Me atrevería a decir, por lo que conozco, que duran más que un jugador (esto es evidente), más que los entrenadores y más que los árbitros. Han podido estar en la ACB, en la LEB o en la EBA, pero suban o bajen no dejan de hacer su labor con todas las ganas del mundo. Son auténticos. Son amantes de este deporte. Es más, normalmente son los que te hacen sonreír cuando a lo mejor las cosas no van tan bien, los que mejor entienden aquello que llamamos ‘el tercer tiempo’ o ‘tiempo de cañas’, pues nunca tienen prisa y valoran mucho tomarse unas cañas o refrigerios con sus compañeros. Hacen equipo. Como nadie.
Guardan los valores más importantes del colectivo arbitral y son generosos, pues es el colectivo que menos dinero gana por partido y sus metas no pueden ser jamás profesionales ni en la ACB, ya que no pueden a llegar cobrar jamás como todos las demás personas del basket.
Es una vocación auténtica. Una pasión. Son capaces de hacerte un partido ACB como que a la mañana siguiente están haciendo la última categoría del baloncesto madrileño. Son capaces de prepararte un acta en menos de cinco minutos para poder empezar un partido.
De todo hay (buenos, regulares y malos), pero los que se mantienen unos años, ya tienen una práctica fabulosa. Es muy difícil que aprecies un error en sus actas. Los hay más rápidos y los hay más lentos, pero su trabajo, a veces, sólo lo podemos valorar los árbitros que estamos con ellos y que apuntan lo que nosotros acertadamente, o no, marcamos como válido.
Como compañero madrileño me gustaría acordarme de todos pero es imposible. Ir con Yolanda ‘Arias’ es lo más divertido del mundo: mientras es capaz de hacerte todo a la perfección (mi querida ‘miss Fer’), a la vez que es simpática con todos. Alfonso, muy perfeccionista, “Mayordomo”, ‘el Torero’, que le da igual estar en la plaza de Vistalegre que en un patio de colegio. ‘Mendaña’, divertida y con ese punto de ironía con clase. ‘Forés’, ‘Valenciano’, ‘Villaseca’, por su simpatía. ‘Tajahuerce’, ‘Velázquez’, ‘Sobrado’, tan grande como tan buena gente; ‘Cantón’, un ser capaz de hacerte a la vez un acta, un marcador y hasta las tablas cuando va solo; 'Zurdo'; 'Barba, 'Valbuena', Aurrecoechea y 'Payno'. Qué voy a decir de ‘Culebras’ y ‘Latorre’ que no sepa nadie y que están en todas partes… que no se me olviden exárbitros como ‘Andreu’ o el de la sierra… Bosch, Aurora, Lacoba, Sevilla, Velilla, Sedano, otro gran ‘profesional’, Mercedes, ‘Pizarroso’, Lorente, el oficial más tranquilo y silencioso con más sentido del humor que me he encontrado. Villaseca, un tipo que nunca pierde la sonrisa ante nada...Y ya no puedo más. Que no me maten los que se me olvidan. He hecho un esfuerzo de ejercicio de memoria limitada.
Quería recordar a todos y no puedo. Os meto a todos en un pequeño rincón gigante del basket. Ese Rincón (compañero que se nos fue en un utilitario en la carretera para hacer un partido) está en el cielo esperando la próxima designación con todos nosotros.
Le daremos una nueva cuenta de 24” y le decimos al cielo que todavía puede esperar, que tenemos muchos partidos que hacer. Hay que salvar la competición, mucho más que sacarla. Ahora, más que nunca, oficiales, damas y caballeros, gracias por estar siempre ahí. Al pie del partido.
martes, 29 de noviembre de 2011
Más de cien mentiras
Tendría 20 años cuando ‘cursaba’ mi segundo año como entrenador de la
cantera de Estudiantes. Han pasado ya 18 años de aprendizaje continuo
como observador de una de las canteras más reconocidas en nuestro país.
Recuerdo lo poco que me enseñaron mis ‘jefes’ por aquel entonces (José Vicente Hernández y Ángel Goñi),
pero me dieron dos consejos que los he llevado conmigo todos estos años
y los he aplicado en cuanto he podido. Uno cada uno. En temas de
baloncesto poco hablaban con un entrenador que parecía que tenía que
traer los deberes hechos de casa, pues mi formación como entrenador la
daban por hecha.
Jose Vicente Hernández (‘er Pepus’, como dice un ‘amigo’ mío) me echó una bronca monumental un día por preguntarle que de cuanto había perdido un equipo de la cantera. Me dijo: “¿Qué pasa, que no puedes preguntar de cuánto ha ganado?”. No es ninguna tontería lo que me dijo. Me lo grabé en la cabezota para no olvidarlo jamás.
Jose Vicente Hernández (‘er Pepus’, como dice un ‘amigo’ mío) me echó una bronca monumental un día por preguntarle que de cuanto había perdido un equipo de la cantera. Me dijo: “¿Qué pasa, que no puedes preguntar de cuánto ha ganado?”. No es ninguna tontería lo que me dijo. Me lo grabé en la cabezota para no olvidarlo jamás.
Ángel Goñi me dio la mejor de las lecciones de humildad (él es muy
navarrico y presume de ello como gente noble y legal). Yo llegué de un
partido de fuera y solíamos ir a ‘la nevera’ después de los partidos que
jugábamos de visitantes porque siempre había un partido bueno sobre las
12.30 h. Llegué eufórico porque mi equipo había ganado por 15 puntos
fuera de casa. Ángel me abordó y me preguntó por mi resultado. Se lo
dije muy contento y me contestó lo siguiente: “Muy bien, enhorabuena,
te han sobrado 14 puntos para ganar”. Me encantó esta frase, aunque le
he dado más vueltas en mi vida que una noria. Y me hizo sufrir mucho.
Creo que la entendí cada vez que disputaba partidos y partidos.
Cosas de la vida. He llegado a estar en tres etapas como entrenador en el club de mi colegio (es que soy de los que piensan que el orden de los factores sí es importante) y debo de ostentar un récord extraño en este aspecto. Del 92 al 95, en la 04-05 y en la 09-10.
En las dos primeras etapas me dejaron a mí. En la tercera, les dejé yo. Otra pasión estaba muy por encima del club actual y que extrañó al más pintado: el arbitraje.
Algún estúpido creyó que era el dinero. Otros nunca lo entenderán, pero es que la cantera del Estudiantes, para mí, ha dejado de ser importante en la calle Serrano. Importa el ACB y la supervivencia del mismo por encima del bien y del mal, utilizando cualquier medio para ello. La cantera es utilizada para generar ingresos, para que juegue el que conviene y no el que debe y si hay que hacer hasta la letra Z para generar ingresos, se utiliza la dichosa letra. Mercancías. “El patio de colegio” es una mentira más, y ese término lo destrozó el mismo que se dedicó a vivir de ello pregonándolo por todas partes para que España entera se lo creyera. ¿Somos de un patio de colegio? Nunca lo fuimos. Ramiro está muy por encima del club. En la actualidad son dos estamentos enfrentados y muy diferentes. Por desgracia. Pero el Ramiro se cansó de tanta tiranía.
Anteayer visité con mi actual equipo el Magariños. Aquel lugar donde uno hacia gimnasia después de que Juan de Dios Román dejara de entrenar al mejor equipo del mundo de balonmano, que se llamaba Atlético de Madrid. Luego, a alguno le extraña la simpatía que tenemos por el ‘Atleti’ algunos auténticos de Ramiro…
Y me dieron los 100 (lo siento Sabina, por copiarte tanto). Un entrenador del que no sé su procedencia (los entrenadores de Ramiro se cuentan con tres dedos de una mano) tuvo la habilidad de pedir dos tiempos muertos cuando su equipo ganaba 35-8 y después cuando su equipo ganaba 86-20. Su equipo buscó de su mano el objetivo ‘maravilloso’ de ir a meter más de 100 puntos al contrario. De lo que no se da cuenta este entrenador es de que ha dejado a unos chavales de 17 años destrozados, ha matado a un entrenador colega desde la formación o la deformación. El equipo nuestro era un equipo feliz antes de este partido. Ya ha dejado de serlo. Vi demasiado músculo, demasiado mate, demasiados ‘alley-hoop’… un contrasentido de lo que ‘mamé’ desde pequeño y, entonces, me acordé de las palabras de Goñi. Y pensé: De esta diferencia, ¿qué diría Ángel? ¿Que le sobran 100 puntos a un entrenador de su cantera para ganar? Yo ya tengo la respuesta. Más de cien mentiras llevaban esos 101 puntos. Todos los jugadores de ese equipo en dos años se tendrán que buscar la vida para seguir jugando fuera de la entidad.
Esa es la única verdad que queda de la cantera estudiantil. Todo lo demás, más de cien mentiras… incluso las palabras de Ángel.
Cosas de la vida. He llegado a estar en tres etapas como entrenador en el club de mi colegio (es que soy de los que piensan que el orden de los factores sí es importante) y debo de ostentar un récord extraño en este aspecto. Del 92 al 95, en la 04-05 y en la 09-10.
En las dos primeras etapas me dejaron a mí. En la tercera, les dejé yo. Otra pasión estaba muy por encima del club actual y que extrañó al más pintado: el arbitraje.
Algún estúpido creyó que era el dinero. Otros nunca lo entenderán, pero es que la cantera del Estudiantes, para mí, ha dejado de ser importante en la calle Serrano. Importa el ACB y la supervivencia del mismo por encima del bien y del mal, utilizando cualquier medio para ello. La cantera es utilizada para generar ingresos, para que juegue el que conviene y no el que debe y si hay que hacer hasta la letra Z para generar ingresos, se utiliza la dichosa letra. Mercancías. “El patio de colegio” es una mentira más, y ese término lo destrozó el mismo que se dedicó a vivir de ello pregonándolo por todas partes para que España entera se lo creyera. ¿Somos de un patio de colegio? Nunca lo fuimos. Ramiro está muy por encima del club. En la actualidad son dos estamentos enfrentados y muy diferentes. Por desgracia. Pero el Ramiro se cansó de tanta tiranía.
Anteayer visité con mi actual equipo el Magariños. Aquel lugar donde uno hacia gimnasia después de que Juan de Dios Román dejara de entrenar al mejor equipo del mundo de balonmano, que se llamaba Atlético de Madrid. Luego, a alguno le extraña la simpatía que tenemos por el ‘Atleti’ algunos auténticos de Ramiro…
Y me dieron los 100 (lo siento Sabina, por copiarte tanto). Un entrenador del que no sé su procedencia (los entrenadores de Ramiro se cuentan con tres dedos de una mano) tuvo la habilidad de pedir dos tiempos muertos cuando su equipo ganaba 35-8 y después cuando su equipo ganaba 86-20. Su equipo buscó de su mano el objetivo ‘maravilloso’ de ir a meter más de 100 puntos al contrario. De lo que no se da cuenta este entrenador es de que ha dejado a unos chavales de 17 años destrozados, ha matado a un entrenador colega desde la formación o la deformación. El equipo nuestro era un equipo feliz antes de este partido. Ya ha dejado de serlo. Vi demasiado músculo, demasiado mate, demasiados ‘alley-hoop’… un contrasentido de lo que ‘mamé’ desde pequeño y, entonces, me acordé de las palabras de Goñi. Y pensé: De esta diferencia, ¿qué diría Ángel? ¿Que le sobran 100 puntos a un entrenador de su cantera para ganar? Yo ya tengo la respuesta. Más de cien mentiras llevaban esos 101 puntos. Todos los jugadores de ese equipo en dos años se tendrán que buscar la vida para seguir jugando fuera de la entidad.
Esa es la única verdad que queda de la cantera estudiantil. Todo lo demás, más de cien mentiras… incluso las palabras de Ángel.
“Con la mentira se puede llegar muy lejos, pero sin esperanza de volver” (proverbio chino).
• El autor de este artículo ha sido jugador de Estudiantes de cantera, entrenador de cantera de Estudiantes; técnico durante seis años del equipo Ramiro de Maeztu y máximo dirigente de la Liga Interna de baloncesto durante nueve años, una liga pagada por el club al Ramiro. Y, ante todo, alumno del Ramiro durante once años.
jueves, 10 de noviembre de 2011
Entrenar arbitrando
Ocurrió hace ya dos años cuando decidí compaginar la técnica de entrenamiento con la práctica del arbitraje para la enseñanza de este deporte.
Lo hice con el primer equipo de Ramiro júnior (todos los jugadores del instituto) inscrito en la Federación de Baloncesto de Madrid como Estudiantes “C” y en una liga federada por debajo de la serie A de los mejores 48 equipos de Madrid.
La práctica del arbitraje iría por delante en mi confección de los entrenamientos y la forma en la que me iba a dirigir a mis jugadores iba a ser la de un árbitro que les enseña el reglamento y no tanto como un entrenador que les dirige un entrenamiento habitual. Mis expresiones salían del reglamento puro y duro y no de las clases ni clinics que me habían impartido los entrenadores durante casi veinte años. Los entrenadores hablan otro “idioma” que el árbitro como ya escribí en “Baloncesto Bilingüe” en su día. Cuando los primeros hablan de lado débil, los otros hablan de rectángulos del 1 al 6.
Les hable de lesiones. De su manera de reaccionar ante una lesión en un partido. Que no parasen. Que el juego no se tiene porque detener. Y les explique el espíritu de la regla que no es otra que evitar que un equipo se aproveche de una lesión ficticia para parar el juego.
Practicamos el avance ilegal con ejercicios de 1x1 recibiendo el atacante el balón en carrera después de un pase y pase de vuelta del defensor (ejercicio de cuatro esquinas en medio campo). Objetivo: No hacer pasos de salida tras recibir en carrera. Nos pitaban muy pocas violaciones.
En el mismo ejercicio practicábamos la acción de tiro y sólo podían dar un bote al recibir y antes de que llegase el defensor al balón este tenía que ser cogido para recalcarles que la acción de tiro comienza cuando un balón reposa en una o en ambas manos y se tiene una trayectoria hacia canasta. Con eso logramos bastantes dos más uno en la liga.
Con una presión en todo el campo y una zona press (forma de defender del equipo en el año) provocábamos las situaciones de campo atrás, sabiendo siempre que el jugador no comete campo atrás hasta que pasa con sus pies y el balón. La cuenta de ocho segundos se les hacía siempre. Recuperamos muchos balones gracias a estas defensas y provocábamos ocho segundos o campos atrás.
Interposiciones e interferencias. No tocar jamás ningún balón que vaya por encima del aro. Ni siquiera intentarlo para barrerlo después de que tocase el aro ya que el equipo no media tanto como para entrenarlo. Hacíamos ruedas de canasta pasada para encestar tocando sólo el tablero y la red (el balón). El pasador iba a coger y palmear el rebote pero aprovechando su “timming” para realizarlo y pasar al compañero.
Contacto. Principios de cilindro. Se le metía en la cabeza al jugador que todos eran un cilindro y que tenían que moverse como tales. Ocupar posiciones en el campo de manera legal y antes que otro. Que sus brazos se utilizaran más en el perímetro pero que según se fueran acercando al aro los tuviera en alto para que los árbitros les vieran las manos y evitar que les pitaran faltas. Desplazamientos laterales con los brazos más arriba según eran vencidos. Conseguir que las primeras cuatro faltas jamás fueran de tiros libres.
Posición legal de defensa. Decía al jugador exactamente lo que dictaba el reglamento. “Al jugador con balón no le tienes porque dar ni tiempo ni distancia, presiónalo”, en cambio, al jugador sin balón “le tienes que dar tiempo y distancia” por lo que utiliza los bloqueos defensivos con cabeza y no pongas bloqueos en defensa (body-checks) pues son ilegales. No ir a hacerlos, si hacerlos “de parado”. Provocar cargas en todo caso.
Falta antideportiva. Desde 2x2 a 5x5 nos valía para practicarlo. Incidir en qué momento el árbitro va a considerar la falta antideportiva y señalar que en caso de que un jugador se vaya hacia canasta con mucha ventaja, esperar a que coja el balón para hacerle la falta pues a partir de ese momento ya deja de valorarse la falta por ser el último jugador, sino por la falta en cuestión.
Faltas técnicas. Ejercicios para cargar con balón y analizar si nos tiramos y si por ello nos pueden pitar técnicas por simulación (“acting”). No nos pitaron muchas faltas en ataque pero tampoco nos pitaron técnicas por ello pues nadie intentaba engañar al árbitro.
Ventaja/desventaja. Explicaba que nunca parasemos salvo que se oyese un pitido claro y que jugáramos hacía canasta siempre, hasta conseguirla. No parar el juego jamás ni en defensa ni en ataque.
Esto sólo lo pude hacer con un equipo muy técnico, muy viciado y que se aburría con los entrenamientos convencionales. No recomendable para el inicio del baloncesto. Sí para categorías a partir de júnior.
Quería agradecer el interés del entrenador de Liga Femenina 2, Diego Rubio, de Estudiantes, por el interés mostrado para trabajar con el femenino del club de esta manera también. A Enmanuel y su cadete B masculino, así como a todos los que consideran al árbitro como una herramienta para el juego y su entrenamiento. A Gallego, Javi Portela. Mariano de Pablos y Pablo Borrás. Y por supuesto a Jose Canales por ser la persona que introdujo en el club (y a través de los campus) al árbitro como parte fundamental de la educación de nuestros jóvenes.
A José Luis, mi gran ayudante en esta “revolución”.
Gracias a mi equipo por obedecer y trabajar en pos de un triunfo conseguido a través del entrenamiento “diferente”. Quedar campeones de 48 equipos y ascender a A2 por un solo punto no es fruto de la casualidad.
El autor de este artículo es entrenador desde 1991 y árbitro de la FBM desde el año 1992.
Lo hice con el primer equipo de Ramiro júnior (todos los jugadores del instituto) inscrito en la Federación de Baloncesto de Madrid como Estudiantes “C” y en una liga federada por debajo de la serie A de los mejores 48 equipos de Madrid.
La práctica del arbitraje iría por delante en mi confección de los entrenamientos y la forma en la que me iba a dirigir a mis jugadores iba a ser la de un árbitro que les enseña el reglamento y no tanto como un entrenador que les dirige un entrenamiento habitual. Mis expresiones salían del reglamento puro y duro y no de las clases ni clinics que me habían impartido los entrenadores durante casi veinte años. Los entrenadores hablan otro “idioma” que el árbitro como ya escribí en “Baloncesto Bilingüe” en su día. Cuando los primeros hablan de lado débil, los otros hablan de rectángulos del 1 al 6.
Les hable de lesiones. De su manera de reaccionar ante una lesión en un partido. Que no parasen. Que el juego no se tiene porque detener. Y les explique el espíritu de la regla que no es otra que evitar que un equipo se aproveche de una lesión ficticia para parar el juego.
Practicamos el avance ilegal con ejercicios de 1x1 recibiendo el atacante el balón en carrera después de un pase y pase de vuelta del defensor (ejercicio de cuatro esquinas en medio campo). Objetivo: No hacer pasos de salida tras recibir en carrera. Nos pitaban muy pocas violaciones.
En el mismo ejercicio practicábamos la acción de tiro y sólo podían dar un bote al recibir y antes de que llegase el defensor al balón este tenía que ser cogido para recalcarles que la acción de tiro comienza cuando un balón reposa en una o en ambas manos y se tiene una trayectoria hacia canasta. Con eso logramos bastantes dos más uno en la liga.
Con una presión en todo el campo y una zona press (forma de defender del equipo en el año) provocábamos las situaciones de campo atrás, sabiendo siempre que el jugador no comete campo atrás hasta que pasa con sus pies y el balón. La cuenta de ocho segundos se les hacía siempre. Recuperamos muchos balones gracias a estas defensas y provocábamos ocho segundos o campos atrás.
Interposiciones e interferencias. No tocar jamás ningún balón que vaya por encima del aro. Ni siquiera intentarlo para barrerlo después de que tocase el aro ya que el equipo no media tanto como para entrenarlo. Hacíamos ruedas de canasta pasada para encestar tocando sólo el tablero y la red (el balón). El pasador iba a coger y palmear el rebote pero aprovechando su “timming” para realizarlo y pasar al compañero.
Contacto. Principios de cilindro. Se le metía en la cabeza al jugador que todos eran un cilindro y que tenían que moverse como tales. Ocupar posiciones en el campo de manera legal y antes que otro. Que sus brazos se utilizaran más en el perímetro pero que según se fueran acercando al aro los tuviera en alto para que los árbitros les vieran las manos y evitar que les pitaran faltas. Desplazamientos laterales con los brazos más arriba según eran vencidos. Conseguir que las primeras cuatro faltas jamás fueran de tiros libres.
Posición legal de defensa. Decía al jugador exactamente lo que dictaba el reglamento. “Al jugador con balón no le tienes porque dar ni tiempo ni distancia, presiónalo”, en cambio, al jugador sin balón “le tienes que dar tiempo y distancia” por lo que utiliza los bloqueos defensivos con cabeza y no pongas bloqueos en defensa (body-checks) pues son ilegales. No ir a hacerlos, si hacerlos “de parado”. Provocar cargas en todo caso.
Falta antideportiva. Desde 2x2 a 5x5 nos valía para practicarlo. Incidir en qué momento el árbitro va a considerar la falta antideportiva y señalar que en caso de que un jugador se vaya hacia canasta con mucha ventaja, esperar a que coja el balón para hacerle la falta pues a partir de ese momento ya deja de valorarse la falta por ser el último jugador, sino por la falta en cuestión.
Faltas técnicas. Ejercicios para cargar con balón y analizar si nos tiramos y si por ello nos pueden pitar técnicas por simulación (“acting”). No nos pitaron muchas faltas en ataque pero tampoco nos pitaron técnicas por ello pues nadie intentaba engañar al árbitro.
Ventaja/desventaja. Explicaba que nunca parasemos salvo que se oyese un pitido claro y que jugáramos hacía canasta siempre, hasta conseguirla. No parar el juego jamás ni en defensa ni en ataque.
Esto sólo lo pude hacer con un equipo muy técnico, muy viciado y que se aburría con los entrenamientos convencionales. No recomendable para el inicio del baloncesto. Sí para categorías a partir de júnior.
Quería agradecer el interés del entrenador de Liga Femenina 2, Diego Rubio, de Estudiantes, por el interés mostrado para trabajar con el femenino del club de esta manera también. A Enmanuel y su cadete B masculino, así como a todos los que consideran al árbitro como una herramienta para el juego y su entrenamiento. A Gallego, Javi Portela. Mariano de Pablos y Pablo Borrás. Y por supuesto a Jose Canales por ser la persona que introdujo en el club (y a través de los campus) al árbitro como parte fundamental de la educación de nuestros jóvenes.
A José Luis, mi gran ayudante en esta “revolución”.
Gracias a mi equipo por obedecer y trabajar en pos de un triunfo conseguido a través del entrenamiento “diferente”. Quedar campeones de 48 equipos y ascender a A2 por un solo punto no es fruto de la casualidad.
El autor de este artículo es entrenador desde 1991 y árbitro de la FBM desde el año 1992.
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