jueves, 10 de noviembre de 2011

Entrenar arbitrando

Ocurrió hace ya dos años cuando decidí compaginar la técnica de entrenamiento con la práctica del arbitraje para la enseñanza de este deporte.
Lo hice con el primer equipo de Ramiro júnior (todos los jugadores del instituto) inscrito en la Federación de Baloncesto de Madrid como Estudiantes “C” y en una liga federada por debajo de la serie A de los mejores 48 equipos de Madrid.
La práctica del arbitraje iría por delante en mi confección de los entrenamientos y la forma en la que me iba a dirigir a mis jugadores iba a ser la de un árbitro que les enseña el reglamento y no tanto como un entrenador que les dirige un entrenamiento habitual. Mis expresiones salían del reglamento puro y duro y no de las clases ni clinics que me habían impartido los entrenadores durante casi veinte años. Los entrenadores hablan otro “idioma” que el árbitro como ya escribí en “Baloncesto Bilingüe” en su día. Cuando los primeros hablan de lado débil, los otros hablan de rectángulos del 1 al 6.
Les hable de lesiones. De su manera de reaccionar ante una lesión en un partido. Que no parasen. Que el juego no se tiene porque detener. Y les explique el espíritu de la regla que no es otra que evitar que un equipo se aproveche de una lesión ficticia para parar el juego.
Practicamos el avance ilegal con ejercicios de 1x1 recibiendo el atacante el balón en carrera después de un pase y pase de vuelta del defensor (ejercicio de cuatro esquinas en medio campo). Objetivo: No hacer pasos de salida tras recibir en carrera. Nos pitaban muy pocas violaciones.
En el mismo ejercicio practicábamos la acción de tiro y sólo podían dar un bote al recibir y antes de que llegase el defensor al balón este tenía que ser cogido para recalcarles que la acción de tiro comienza cuando un balón reposa en una o en ambas manos y se tiene una trayectoria hacia canasta. Con eso logramos bastantes dos más uno en la liga.
Con una presión en todo el campo y una zona press (forma de defender del equipo en el año) provocábamos las situaciones de campo atrás, sabiendo siempre que el jugador no comete campo atrás hasta que pasa con sus pies y el balón. La cuenta de ocho segundos se les hacía siempre. Recuperamos muchos balones gracias a estas defensas y provocábamos ocho segundos o campos atrás.
Interposiciones e interferencias. No tocar jamás ningún balón que vaya por encima del aro. Ni siquiera intentarlo para barrerlo después de que tocase el aro ya que el equipo no media tanto como para entrenarlo. Hacíamos ruedas de canasta pasada para encestar tocando sólo el tablero y la red (el balón). El pasador iba a coger y palmear el rebote pero aprovechando su “timming” para realizarlo y pasar al compañero.
Contacto. Principios de cilindro. Se le metía en la cabeza al jugador que todos eran un cilindro y que tenían que moverse como tales. Ocupar posiciones en el campo de manera legal y antes que otro. Que sus brazos se utilizaran más en el perímetro pero que según se fueran acercando al aro los tuviera en alto para que los árbitros les vieran las manos y evitar que les pitaran faltas. Desplazamientos laterales con los brazos más arriba según eran vencidos. Conseguir que las primeras cuatro faltas jamás fueran de tiros libres.
Posición legal de defensa. Decía al jugador exactamente lo que dictaba el reglamento. “Al jugador con balón no le tienes porque dar ni tiempo ni distancia, presiónalo”, en cambio, al jugador sin balón “le tienes que dar tiempo y distancia” por lo que utiliza los bloqueos defensivos con cabeza y no pongas bloqueos en defensa (body-checks) pues son ilegales. No ir a hacerlos, si hacerlos “de parado”. Provocar cargas en todo caso.
Falta antideportiva. Desde 2x2 a 5x5 nos valía para practicarlo. Incidir en qué momento el árbitro va a considerar la falta antideportiva y señalar que en caso de que un jugador se vaya hacia canasta con mucha ventaja, esperar a que coja el balón para hacerle la falta pues a partir de ese momento ya deja de valorarse la falta por ser el último jugador, sino por la falta en cuestión.
Faltas técnicas. Ejercicios para cargar con balón y analizar si nos tiramos y si por ello nos pueden pitar técnicas por simulación (“acting”). No nos pitaron muchas faltas en ataque pero tampoco nos pitaron técnicas por ello pues nadie intentaba engañar al árbitro.
Ventaja/desventaja. Explicaba que nunca parasemos salvo que se oyese un pitido claro y que jugáramos hacía canasta siempre, hasta conseguirla. No parar el juego jamás ni en defensa ni en ataque.
Esto sólo lo pude hacer con un equipo muy técnico, muy viciado y que se aburría con los entrenamientos convencionales. No recomendable para el inicio del baloncesto. Sí para categorías a partir de júnior.
Quería agradecer el interés del entrenador de Liga Femenina 2, Diego Rubio, de Estudiantes, por el interés mostrado para trabajar con el femenino del club de esta manera también. A Enmanuel y su cadete B masculino, así como a todos los que consideran al árbitro como una herramienta para el juego y su entrenamiento. A Gallego, Javi Portela. Mariano de Pablos y Pablo Borrás. Y por supuesto a Jose Canales por ser la persona que introdujo en el club (y a través de los campus) al árbitro como parte fundamental de la educación de nuestros jóvenes.
A José Luis, mi gran ayudante en esta “revolución”.
Gracias a mi equipo por obedecer y trabajar en pos de un triunfo conseguido a través del entrenamiento “diferente”. Quedar campeones de 48 equipos y ascender a A2 por un solo punto no es fruto de la casualidad.
El autor de este artículo es entrenador desde 1991 y árbitro de la FBM desde el año 1992.

sábado, 29 de octubre de 2011

Basket Rol

Hechos:
30 de abril de 1994.
Javier Rosado de 21 años, estudiante de Química, y su compañero de juego de rol Félix M.R. de 17 años, matan a un hombre por azar cuando este se encontraba en una marquesina esperando un autobús después de cumplir con su trabajo de empleado de la limpieza. Este muere tras asestarle entre los dos hasta 19 cuchilladas.
Javier y Félix siguen con su vida normal y acuden a clase como si nada hubiera sucedido y hasta se jactaban de lo logrado ante sus compañeros. Javier Rosado, ideólogo, lo hacía en las clases de Química de forma reiterada y le encantaba decir que aquel crimen que salía en la televisión lo había cometido él.
En España el caso conmociona a la sociedad, al tratarse de un asesinato cometido a través de los juegos de rol y de un juego bautizado como “Raúl”. La primera víctima fue Carlos Moreno, un empleado de limpieza de 52 años, al cual le toco por cuestión de tiempo ya que los asesinos, guiados por su juego, debían matar a otra persona desde las tres a las cinco de la mañana. Esta persona (una mujer) se salvó porque cuando fueron a por ella ya habían pasado las dos horas y a partir de las cinco de la mañana tenían que matar a un hombre “regordete y estúpido” y encontraron a Carlos, el cual agonizo durante quince minutos creyendo en todo momento que aquello sólo era un atraco.
Un trozo de guante de látex y un chivatazo por parte de otro compañero de juego a la policía hizo posible que se detuvieran a los dos asesinos tres meses después del macabro asesinato. Javier Rosado es condenado a 42 años de prisión y a Félix, ya en libertad, fue condenado a 12 años al ser menor de edad y porque se considero que fue arrastrado y obligado por su compañero a realizar el macabro “juego”- asesinato.
Daños colaterales en tres meses:
Centrados en el Baloncesto, yo tenía mi segunda oportunidad como entrenador de la cantera del Estudiantes en un cadete de segundo año. En el equipo tenía a muchos de los chicos que ya los había entrenado en la temporada anterior (92-93).
Yo tenía a un jugador muy disciplinado llamado Raúl. A Raúl ya lo conocía de la temporada anterior y era un chaval que acudía siempre a todos los entrenamientos y que sacaba sus asignaturas con muy buenas notas. Normalmente salía de titular porque se lo ganaba en los entrenamientos y porque tenía un carácter muy bueno para el puesto que ocupaba en el equipo.
Pero en esa primavera de 1994, Raúl desapareció del mapa. Me hizo una llamada y me dijo que tenía que faltar toda la semana, incluido el partido y que no podía darme más explicaciones. Que era un tema personal. Faltó a cuatro entrenamientos y al partido correspondiente de esa semana.
Yo no le quise dar tanta importancia y trabaje con todos los demás esos días en los que faltó Raúl. Pensé que el jugador tenía que estudiar más por exigencia de un padre muy serio, del cual yo sabía que era profesor de universidad y que mantenía una disciplina con el chaval sin pasarle ni una sola falta de disciplina tanto en el deporte como en los estudios. De estos padres que ayudan más que perjudican a un entrenador. Una “rara avis”.
Raúl se incorporo al equipo y pudo terminar la temporada con todos al completo.
En un torneo post temporada que jugamos en Arévalo, cerca del verano, fue cuando yo pude saber qué es lo que había sucedido con Raúl aquella semana de la que yo ni me acordaba y que sólo tenía, y tengo, apuntada su ausencia en mi control de asistencia de aquel año.

El padre de Raúl se acerco a mí antes de una comida y me pidió hablar a solas. Así lo hicimos y la conversación que tuvimos (yo era un chaval de veintiún años) fueron las palabras que más miedo me han dado y de esas palabras de las que uno nunca puede olvidar. Sólo me pidió que quedara entre nosotros dos hasta que su hijo fuera mayor de edad (Raúl tendrá ahora treinta y tres años).
Me dijo lo siguiente:
“Siento la falta de Raúl a entrenar durante una semana entera y un partido y te pido disculpas pero es que mi hijo ha estado protegido por la policía en mi casa a consecuencia del caso del asesino del rol. Los asesinatos se podrían haber multiplicado ya que la policía descubrió que el fin o el nombre del juego era igual que el nombre de mi hijo”
Le entendí en todo momento.
Yo sabía que el padre de Raúl era profesor de la facultad de Químicas y empecé a atar cabos.
El problema no es que mi jugador se llamase como el juego del rol. El verdadero problema residía en que se llamaba exactamente igual que su padre, objetivo final “probable” del macabro juego del rol, el cual parecía que tenía, como objetivo, más que una víctima.
Gracias a Dios que no jugamos al Rol.
Si al… Basketball.
El nombre de Raúl es ficticio por respeto a mi ex jugador y al padre del mismo.

sábado, 27 de agosto de 2011

Un padre ejemplar

Hemos perdido a don Alfonso Reyes padre. Lo ha perdido toda su familia y en pequeñas dosis (o grandes, según el sentimiento de cada uno) hemos perdido a un gran hombre; todos. Un padre ejemplar en la formación de su hijo Felipe, que es de quién puedo hablar por haber coincidido con él. Seguro que desde Alfonso hijo (1971) hasta Felipe (1980), su familia numerosa tiene una gran pérdida y un dolor inconsolable.

A Alfonso Reyes padre le recuerdo en la cantera de Estudiantes a la perfección. Como ya escribí allá por 2004, a mí me tocó como ayudante aceptar y apoyar la decisión del primer entrenador de bajar a Felipe al único equipo B de Estudiantes, donde jugó en la temporada 1994-1995. Jamás entrené a Felipe Reyes. Pero mi relación era muy estrecha con él por pertenecer al Ramiro.

No conozco, ni conocí en aquellos años ni una sola queja por parte de sus padres. Es más, Alfonso y Lola me trataron siempre como a un entrenador más. Al año siguiente causamos baja para el cadete A sólo dos personas. Jorge Cáceres, con el número 9, por Felipe Reyes, y la ayudantía que la pasaba a llevar Pablo Vila.

Por ese motivo (al mantenerse 11 jugadores míos y Felipe en la 95-96), decidí acudir al campeonato de España de la siguiente temporada del equipo en Málaga. El primer campeonato donde podías ver a los ‘ochenta’: Navarro, Raúl López, Berni Rodríguez, etcétera (menos Pau Gasol, que llegó en júnior al Barcelona).

Me metí en un hostal, me acercaron unos padres del equipo y me dispuse a ver en el Ciudad Jardín malagueño el campeonato. Sorpresa para todos fue que la primera jornada se disputó en Marbella pues estaba ocupado el campo.

Yo estaba desesperado y no sabía cómo ir a Marbella y me fui a hablar con confianza (la que ellos daban a todos) con Lola Cabanas y Alfonso Reyes para a ver si me podían llevar. Me citaron: “En El Corte Inglés a tal hora y te llevamos”. No más.

Allí fui la primera jornada y de repente veo aparecer dos coches con un total de cinco personas (Alfonso, Lola, un hermano con su novia, y otro hermano más).
“Móntate”, me dijeron. Alfonso y Lola habían decidido sacar otro coche sólo por mí pues ellos eran los justos para viajar en uno solamente.

Así era Alfonso. Un caballero que se nos ha ido repentinamente en un momento en el que le quedaba mucho por disfrutar de sus hijos y su esposa. Un señor que jamás hablaba de más. Un señor que siempre saludaba en la Nevera, en Magariños, en cualquier campo. Y que hablaba contigo de lo que fuera con una claridad, tranquilidad, respeto, educación y sosiego nunca visto.

Un señor que cuando Felipe quiso jugar la Liga Interna de Baloncesto (L.I.B.) que pude organizar durante nueve años, no le puso ni un pero a su hijo, para que junto a los compañeros de clase pudiera disfrutar de ella hasta que una lesión le apartó y nos apartó a todos del sueño de disfrutar de ‘otro baloncesto’ no federativo, desenfadado. Ese baloncesto lúdico casi perdido.

Descanse en paz una gran parte del éxito de Alfonso y Felipe, y de todos los demás hermanos.

Muchas veces nos quejamos de los padres con razón los entrenadores de formación. Pero nos tenemos que acordar de una inmensa minoría de los que son como Alfonso y Lola. Imprescindibles para que sus hijos sean un espejo para esta sociedad.

Descanse en paz Don Alfonso Reyes. Besos para Lola. Un fuerte abrazo para Felipe, para todos sus hermanos y familia.

Un gran padre seguirá desde muy arriba todo el juego que te queda ‘Philip’ (nombre cariñoso que utilizaba la madre en los partidos).

“Si tropiezas al triunfo, si llega tu derrota, y a los dos impostores les tratas de igual forma” (…)” Si llenas el minuto inolvidable y cierto de sesenta segundos que te lleven al cielo… Todo lo de esta tierra será de tu dominio y, mucho más, serás Hombre, hijo mío. (IF). Del sí” (Rudyard Kipling).

jueves, 11 de agosto de 2011

La chica del Ramiro

Daniel Arcau, uno de los mejores jugadores a los que he podido entrenar en edad júnior (en un torneo) y que juega en el Monzón de EBA (pienso que tiene futuro LEB), me preguntaba por el pasado de las competiciones en Ramiro y que se hacía en el Instituto que él mismo conocía de pocos años.
Le dije que lo dejáramos pues que le iba a “meter un ladrillo” que no lo iba a aguantar. Que tal vez en el viaje de vuelta de ocho horas le contaba algo pero que se centrara en el torneo de Badalona.
Ahora que Santi Escribano, muy buen periodista de Estudiantes y amigo de esta web, acaba de publicar la despedida que se merece Sandra Ygueravide, con 13 fotos memorables haciendo un guiño al número que la jugadora ha llevado todos estos años, me ha venido a la mente todo el baloncesto femenino que de golpe he podido ver nacer. El masculino empezaría en 1948(hay gente que me dice que en el 47), pero a las chicas uno si las vio empezar a botar balones después de matricularse ellas en el cole-instituto.
Sandra Ygueravide ha sido la capitana, buena jugadora, excelente persona, trabajadora, simpática y con muchos valores dentro y fuera de la cancha. Con la foto que me quedo, estimado Santi, es la del abrazo con su ex entrenador Javier Lombardía en el momento más duro del descenso (también por él). Además, uno le agradece personalmente que pudiéramos hacer una entrevista sobre arbitraje cinco minutos antes de que ella se marchara de vacaciones, allá, por el 2009.
Pero, cuando empiezas a pensar en mil recuerdos que te atacan la cabeza en estos momentos al leer la noticia, no puedes dejar de escribir porque tienes que sacar de alguna manera este colapso que ya no cabe en un cerebro tan pequeño.
Yo no tengo 13 fotos de la jugadora que para mi, personalmente, es la “chica” del Ramiro y que más lejos ha llegado en esto. Tampoco se las puedo pedir porque no sé nada de ella ni ella de mi, pero si puedo contar que Clara Bermejo Moreno (ahora en el Rivas Ecopolis) de 1981, es la mejor jugadora que ha sacado el club pero que por más de una circunstancia, no pudo saborear la Liga Femenina con el club que la formo desde pre mini pues que se quedo a un paso del ascenso en la anterior liga Nacional que entreno Javier Arredondo y en donde en casa (en el propio Magariños) sucumbieron en el intento de ascender a la única Liga Femenina de primera división que existía en esos momentos.
Clara se marchó a Extrugasa porque la pagaban lo que merecía. Ella me decía siempre “Joder, el club podía hacer un esfuerzo por nosotras y comprar una plaza arriba, con un millón de Alfonso Reyes podríamos jugar perfectamente, pero ellos no quieren, son un club machista”.
Creo que no le faltaba razón a Clara. Ella quería tanto a Ramiro como yo mismo. Tanto le quiso que ella jugaba la Liga Interna que por aquel entonces yo organizaba (tan machista era el club que a los jugadores, si eran chicas las dejaba jugar, pero si eran chicos, había muchos problemas pues se podían lesionar).
Clara después de terminar C.O.U. me pidió ser mi ayudante en la Liga Interna. Por 6.000 pesetas al mes, ella me ayudaba todos los días. Una demostración clara de lo que estaba involucrada y el cariño inmenso que tenia por el Cole-Ramiro y Estudiantes.
Sandra ha jugado cinco temporadas en el primer equipo y se merece todo. Clara es la otra chica que no pudo tener la misma suerte. Aunque Clara haya jugado en los mejores equipos de la Liga, estoy convencido que al acabar su temporada como jugadora Nacional se hubiera quedado en el club de haberse puesto de acuerdo más de una persona.
Algo falló, pero bueno, para los sin memoria Clara no paso por el club. Para los que vimos nacer el baloncesto femenino en el club, podemos tener la suerte de escribir sobre el nacimiento del femenino en Estudiantes y de cómo esta chica jugaba a un nivel fuera de lo común (el método F.E.B. también se cebo con ella y nunca la selecciono a pesar de jugar más que Silvia Domínguez en una temporada donde eligieron a la segunda base de un club en vez que a la primera…). La selección la ha llevado a varias preselecciones y esto es como el cuento de Marta Fernández y el NO “te cogemos” después de estar en la WNBA.
Método F.E.B.
Estoy muy orgulloso de que mis cuatro hermanas (las tres pequeñas sobre todo) fueran las pioneras del baloncesto femenino como jugadoras y que una de ellas fuera entrenadora de Clara.
Belén (en Canoe), Virginia, Bárbara (Baby, su entrenadora) y Almudena (mis hermanas), muchas gracias por llenar la casa de baloncesto femenino por encima del masculino de Estudiant@s.
Lo nunca visto o imaginado por cualquier chico de Ramiro.

domingo, 29 de mayo de 2011

ANNIMO ANNA

Verano 2010. Campus La cima del Baloncesto. Estudiantes.

-Valenti y Mateo, necesitamos árbitros ACB para el campus.

- No te preocupes, ¿quién quieres que vaya?

-Los que puedan, los que quieran.

-Lo único que me gustaría es no repetir con respecto a otros años y sería bueno que pudiera venir la única chica árbitro que tenéis en ACB para que las chicas del campus vean que también cuentan.

-De acuerdo. Emilio Pérez Pizarro y Anna Cardús. 

- Perfecto. Muchas gracias a ambos por vuestra ayuda. Un abrazo.

Anna Cardús pudo venir al segundo turno del campus de Sierra Nevada con los más peques(de  8 a 13 años) desde Barcelona pegándose la paliza del avión hasta Granada. La recogimos una mañana y se marcho de Sierra Nevada la misma tarde. Había cogido un día de su trabajo profesional para estar con nosotros porque, según una conversación con ella, le hacia una enorme ilusión estar con nosotros.


Anna se trajo hasta cuatro camisetas con su número en la espalda para regalarlas a los chavales que en nuestro taller de arbitraje le había parecido que se lo merecían. La ilusión y el “ANNIMO” con la que el jugador se enfundaba esa camiseta era muy grande.

A Anna no la conocimos ni 24h. Nos firmo un cartel a los árbitros que decía “gracias por haberme tratado como una reina” (ese es el mejor regalo que yo conservo) y se marchó de nuevo en avión.

Ahora ella está jugando (jugo, como nos explico en la charla a entrenadores y árbitros) el partido de su vida.

Espero que el “árbitro” de la vida la deje con nosotros y que siga siendo la reina tanto del arbitraje ACB como de cualquier actividad de servicio a los demás (campus).

martes, 24 de mayo de 2011

Mi corazón no te abandonará

Miguel era un chaval que entraba en la etapa de la adolescencia a sus 13 años recién cumplidos. Él era un jugador de baloncesto de su colegio porque, aunque en su colegio era el deporte que la inmensa mayoría practicaba, él ya lo traía de casa pues su padre Jaime era entrenador y tanto a Miguel como a sus hermanos no les quedaba otra opción que practicar esta disciplina.
A Miguel le gustaba el futbol y de hecho organizaba equipos dentro de la clase con notable éxito, pero la pasión, la ansiedad, la emoción con la que tuvo que convivir con el baloncesto en ese momento le sobrecogió el cuerpo de una forma especial e inenarrable.
El buen padre de Miguel entrenaba al equipo profesional de su cole en un principio, para después entrenar fuera de la propia ciudad. Equipos de diversas ciudades de la geografía española.
Miguel contrajo una enfermedad de difícil diagnostico y en séptimo de básica tuvo que marcharse, con el permiso de su tutor, a ver a su padre durante una temporada por que no sabían qué hacer con él ya que echaba de menos a su padre.
Aquel año, Miguel pudo jugar con el equipo B de su edad en categoría pre infantil justo cuando habían dibujado la línea de los tres puntos a seis con veinticinco metros y les tocaba pasar del “circo “que era para todos el MINI a las canchas del campo grande de la nevera donde encestar un triple era una heroicidad pues no se llegaba por la nula fuerza física que se tenía todavía.
El equipo de Miguel era el B pero al no ser un equipo nada timorato le planto cara al propio equipo del A de su edad y en una liguilla al final de temporada consiguió, con su equipo, vencer al todopoderoso A de la edad. Toda una proeza que le sirvió para ser un escolta con posibilidades para subir al primer equipo.
Pero todo ese sueño de adolescente se le esfumo en verano cuando recayó en una crisis de la enfermedad “indiagnosticable” que le hizo tener que quedarse en el equipo B de nuevo y no tener posibilidad ninguna de volver al A de su querido club que representaba a su clase y a su colegio (antes con los de clase se hacían todos los equipos).
Categoría juvenil, la primera junior mal llamada, sub 21, año 1992, año olímpico barcelonés.
B de Bilbao, B de Basurto, el padre de Miguel sufre una angina de pecho y es trasladado desde su domicilio de la capital vizcaína al citado hospital. Allí es intervenido a corazón abierto y le tienen que poner tres by-pass en el corazón. De una hipotética operación de hora y media se paso a una de cinco horas…
…Y Miguel se vino abajo. Pensó que su padre de aquello no saldría. Que con diecinueve años se quedaría huérfano de padre y aquello no lo podía soportar. Una entrada en la U.V.I. para ver el rostro y otra vez el mundo encima.
Pasaron los días, pasó el nerviosismo y Jaime sale de la operación a salvo, pero con una operación que como él mismo decía “es como si me hubiera pasado una locomotora por encima del cuerpo”.
A Jaime le ofrecieron, a sus 50 años de edad, la prejubilación y le “quitaron” la idea de volver a entrenar. Le mataron a medias. Él se rebeló ante las consignas médicas, dijo aquello del “que me ata, me mata”, volvió a su trabajo y quiso volver al baloncesto pero ya no era el mismo, ya no podía arriesgar su corazón. Ya no sería el mismo jamás.
Prefirió ayudar a sus hijos y en especial al pobre Miguel que había terminado muy cabizbajo y al que le dijo “No te preocupes, nunca te fallaré, mi corazón no te abandonará”. A Miguel esto le sonaba a una canción del grupo El Norte que había escuchado unos años atrás con las mismas letras.
Miguel ya era mayor y quería emular, que no igualar, a su padre en baloncesto y se hizo entrenador. Se cansó bastante pronto pues jamás le dejaron ser él mismo y para colmo todos le conocían con los apellidos exclusivamente del padre, dejando de lado los de su madre. Esto de ser la “sombra de…” le hacía mucho daño a Miguel. No veía justo que no se le tratara por lo que él pudiera valer y siempre le parecía que si conseguía algo era lo normal y si no lo conseguía entonces ya sí que ponían su nombre de pila a todo.
Siglo XXI.
Miguel vuelve a recaer de su enfermedad extraña mientras está entrenando a un equipo categoría junior de su querido colegio. Un ingreso a tiempo hace que deje el equipo por unas semanas y como carecía de ayudante y delegado, fue su propio padre Jaime el que se puso a entrenar a ese equipo de patio de colegio después de haber militado con el primer equipo hacía más de veinte años… . Jaime no lo dudo un instante y para que su hijo no perdiera el equipo, él lo entrenaría aunque fuera amateur después de haber sido profesional allí. Consiguió que su hijo volviese a entrenar ese año.
En la temporada siguiente, el club echó de la cantera a Jaime por las ausencias a entrenar y el escándalo que supuso que su padre le ayudara, así como otras excusas que hacían daño al club de cara a su dirección deportiva.
El colegio/club jamás entendió el gesto de Jaime de no abandonar nunca a su hijo y lo que aporto desde su corazón, lo único que ya podía aportar, que era la ayuda a su hijo.
Miguel sigue entrenando. Aprendió y dio gracias a que su padre estuviera casi veinte años después junto a él. La vida podía ser bella, demasiado bella como para preocuparse por el baloncesto y sus “gentes”.
*Todos los nombres que aparecen en este artículo son ficticios. La historia es tan real como la vida misma. Quería dedicar este artículo a Marina, a Roberto y a Andrés por su ayuda en momentos de máxima y extrema dificultad. A Jaime… le debo la vida.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Entre pecho y espalda

Debato mucho con mi amigo badalonés Gerard Pastor Vives sobre la conveniencia de que siga siendo jugador de baloncesto. Le digo siempre que es inigualable el disfrute que obtendrá de su actividad y que cuanto más tarde lo deje, siempre que se vea con fuerzas y aptitudes, no elija otra cosa relacionada con este deporte. Es un júnior de segundo año que se le pasan ya, como a otros jóvenes, pájaros por la cabeza para ser entrenador cuando todavía le queda mucho que disfrutar y mucha juventud por delante.
Hace unos días una madre que había llevado a su hijo al campus de Sierra Nevada de Estudiantes en verano me comentaba algo asustadiza que a su vástago lo que más le había gustado era la actividad del taller de arbitraje que impartimos desde hace ya siete años en tierras granadinas.
Me llamo la atención que se asustara de que a su hijo pequeño le gustara la figura del árbitro tan pronto. Tal vez, y sólo tal vez, el exceso de proteccionismo hacía su hijo y lo mal que todavía se ve a este gremio en “nuestro mundillo” entre padres (que han visto o jugado “otro” baloncesto) conlleva un riesgo para la elección libre de su hijo para elegir él mismo lo que más le puede gustar y no necesariamente seguir los pasos de sus padres o de la gran mayoría de las personas que siguen proyectando sus vidas en la de sus hijos cuando la realidad nos indica que jamás podrán ni soñar en que se convertirán. Y sólo buscan que su hijo ocupe una posición en que se les respete y la de árbitro no entra en “sus planes”.
En 1991 quise ser entrenador y realice mi primer curso de entrenador cuando tenía 18 años. En 1992 también realice mi curso de árbitro pues quería realizar ambas actividades por igual.
Aquel 1991 fue el año que vimos fallecer a todo un mito de este deporte en el banquillo de una manera cruel, valiente pero innecesaria y temeraria. Ignacio Pinedo fallecía en el banquillo del Real Madrid un 20 de marzo y aquello yo lo viví como un acto de valentía y creí ver morir “al torero que sale a la plaza” (adolescente todavía y pardillo era yo) pues conocía la intención de Ignacio de querer “morir con las botas puestas” tras superar hasta en tres ocasiones un cáncer.
Lo que no sabía es qué un solo año después (1992) empecé a escuchar en boca de una hermana médico misionera palabras como: “angina de pecho”, “by-pass”, “stent”, “arteria circunfleja” y esos términos que no me interesaban en nada, para poderme explicar lo que le ocurría a un familiar mío que salvaba la vida de milagro en Bilbao en unas circunstancias “algo” parecidas a la triste noticia de Pinedo.
Siempre me inculcaron que estas personas eran ganadoras, que todo lo que hacían era exitoso y yo quería emularlas. Pobre de mí y menudo camino acababa de elegir.
Está claro que se habían sometido, entre pecho y espalda, a un duro trabajo y habían realizado excesos de estrés en este deporte y en este puesto de entrenador tan desagradecido, ingrato y cruel, era su pecho en forma de corazón el que terminaba sufriendo toda esa exacerbada pasión. Uno murió, otro sigue vivo porque no tenía esas “botas puestas” absurdas en el momento, pues seguro hubiera seguido lo mismos pasos. Los dos compartían filosofías pues el segundo fue asistente del primero en Estudiantes años ha…
El tiempo pasa demasiado deprisa y han pasado casi dos décadas. Creo que los entrenadores somos eternos perdedores después de pasado este tiempo y después de reflexionar demasiado sobre su figura y mis vivencias también. Jamás recibes todo lo que das, ni siquiera tu satisfacción intrínseca compensa el sacrificio que llevas a cabo. Con veinte años no se ven las cosas igual que superado el ecuador de la treintena y ahora pienso que el entrenador ocupa un lugar muy relegado en nuestro deporte. Su pecho lo aguanta todo y todo lo que ahí se queda se acumula en pérdida de salud.
En el otro lado (la espalda) está el árbitro del siglo XXI (al del XX le deben la lucha de donde están) y creo, sinceramente, y, después de mucho tiempo practicando ambas actividades, que para el entrenador son tiempos revueltos y que el árbitro le está comiendo terreno tanto en recompensa en lo deportivo, económico y hasta de preparación(al menos en formación amateur). Hay más árbitros en época de crisis y hay menos entrenadores titulados y preparados. Los no titulados siguen ocupando puestos de entrenador superior por lo que todo es todavía más absurdo.
Un árbitro dudo que sufra lo que un entrenador. Sufrirá en 40 minutos posibles insultos y menosprecios de algún/os tipejos que aparecen de vez en cuando que ni conoce (“¿hace daño quien quiere?”) pero en cuanto acabe el partido, ese partido se lo echa a la espalda(nunca al pecho) si no hay incidencia alguna.
Y pasara a la siguiente faena sin que su corazón tenga que sufrir porque ganes, pierdas, tus jugadores estén contentos o no, los padres les caigas de una manera u otra, si hay problemas con algún tipo de incidencia post partido o si fulano quiere más protagonismo en un partido. Te podrás ir a tu casa con mejor o peor sabor de boca pero SOLO te aguantas a ti mismo y tu conciencia. Algo superable y más llevadero si es que las cosas no te han ido bien, pero lo normal es que te eches todo a la espalda. Para un árbitro no existe el término “entre pecho y espalda”. Tiene las espaldas bien cubiertas si aplica psicología en su actividad y sabe cómo se aplica un reglamento o como no llegar a complicarse con el mismo (eso es un arte también cuando se conoce mucho el juego)
Entre el pecho (del entrenador) y la espalda (la del árbitro) se encuentran órganos que matan. Desde la perspectiva de este último sólo hay diferencias de cultura de este deporte en la sociedad todavía más cercana “al espectador del partidillo de las cinco de la tarde de fútbol” que de un deporte que todavía considero es muy desconocido para muchos más espectadores que tenemos (más licencias, menos nivel, más demanda de entrenadores y más padres). A mí me gustaría escuchar, realmente (como entrenador y árbitro de formación que soy) a un padre/madre cuando se sube a un coche de vuelta a casa y habla de un partido con su hijo/a. ¿Se seguirá realmente acordando del árbitro que igual no ve más en todo el año o, sinceramente, hablaran a su hijo/a del entrenador que “aguantan” toda la semana y del cual depende de que su “diamante” siga jugando? Creo más en lo segundo por innumerables comportamientos vividos post partido tanto vestido de calle como de gris.
Entre el pecho y la espalda sólo tienes que elegir qué lugar quieres que sufra más en tu cuerpo.
(…)Mi sueño es que los jugadores solucionen ellos cada situación, porque durante el partido tengo poca capacidad de intervención. Si dispones de los cuatro o cinco jugadores importantes, puede llegar a pasar. Algunos, sólo con hacer un gesto ya lo cogen. Porque yo no tengo tiempo de intervenir. Yo, en el fondo, durante el partido sólo intervengo en el descanso, no tengo posibilidad para estar, no me oyen, no me escuchan (…) Pep Guardiola. Entrenador F.C. Barcelona. En “El periódico”. Lunes 4 de octubre de 2010.